Artículos de Opinión

Cuentan que escribías cartas de amor en la orilla de la playa para que el agua se llevara tus letras y las penas de amor se fueran al fondo marino y no quedaran en tu corazón de escritora enamorada. Algunas veces presenciaste como la espuma borraba la página 32 de tus largas misivas de joven escritora. Te recuerdo vestida de negro, delgada y mágica adivinando el futuro a través de las cartas que tu misma inventaste. Hoy te asomas convertida en sombra tocándome las manos y dulcificándote en el recuerdo de la abuela que ya no está pero que se me aparece en el presente con su fuerza misteriosa de adivina y poetisa . Te recuerdo en una casona antigua del viejo Santiago mirando por la ventana viendo pasar la vida que tanto te gustó vivir. Te fuiste un agosto del año 1972, lo hiciste entre los llantos de poetas, escritores, adivinos, pintores y amigos de tertulias que no pudieron  olvidar tu rostro ni tu risa fácil  aún después de muertos. Jodorosky supo de tu arte de ver la vida mas allá de la vida y le alcanzaste a predecir su futuro de psicomago. Neruda, de Rokha y  Sabella entre otros supieron de las cálidas tertulias que ofrecías en tu casa. Eran tiempos  en que la bohemia santiaguina supo de tus historias y del arte de hacer reir que nunca te abandonó. Han pasado los años y te recuerdo abuela. Lo hago con tu memoria a través de los recortes de los diarios que te nombran. Lo hago con tus fotos antiguas que aun conservo. Lo hago contigo desde cerca sonriéndome  a escondidas pensando que no te alcanzo a ver. María Lefebre Lever, escritora, periodista, artista y adivina te cuento bajito para que me escuches desde donde estés, que soy tu nieta, que no te olvido, que te he inmortalizado en mis páginas y portales de una tecnología que no alcanzaste a conocer. Soy tu nieta, la “verito”, la misma que una vez hace mas de 30 años sacaste de detrás de una cortina mientras te espiaba cuando le contabas a una mujer los secretos de su vida y ella sorprendida te preguntaba ¿cómo lo supo?. En esa ocasión yo era una niña y me dijiste “no mires a escondidas el don que algún día será tuyo”. Te recuerdo y admiro abuela María, mas allá de las nostalgias y los recuerdos maximizados, te abrazo abuela en este aniversario de tu partida y te entrego en ofrenda de agradecimiento a la inspiración que siempre me envias desde los lugares que recorres en la vida de los que ya no están, la crónica 100 que representa 100 historias de crónicas urbanas.

 

Verónica Rodríguez, tomado de su sitio Blog personal.

 

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